El pasado lunes, 12 de octubre, fiesta de Nuestra Señora del Pilar y Día de la Hispanidad, el Seminario Diocesano de Canarias celebró la habitual Eucaristía del Seminario en la Parroquia Jesús de Nazaret, en Siete Palmas, a las 20:30 horas. En esta ocasión, la celebración tuvo un carácter especialmente festivo y estuvo presidida por el Pbro. Juan Carlos Durán Holguera, capellán y responsable de la Asistencia Religiosa Católica del Centro Penitenciario Las Palmas II.

La Eucaristía contó con la animación musical del Coro de la Renovación Carismática Católica (RCC), que acompañará musicalmente la Misa con el Seminario cada segundo lunes de mes, contribuyendo así a la oración y a la participación de la comunidad en esta celebración.

María, una vida sostenida en el Señor

La celebración invitó a contemplar a María como modelo de fe, confianza y fidelidad a la voluntad de Dios. Su grandeza no nace de buscar su propia voluntad, sino de haber sabido acoger el proyecto de Dios y hacer de su vida una respuesta generosa a su llamada.

María es, sin duda, un pilar para la vida de los creyentes, pero el verdadero Pilar sobre el que ella construyó toda su vida fue el Señor. En Él encontró la fuerza para confiar, aceptar su voluntad y recorrer el camino que le había sido confiado.

Desde la humildad, la entrega y el servicio, la Virgen supo decir sí a Dios y permanecer fiel incluso cuando el camino no resultaba sencillo. Su vida recuerda que la verdadera grandeza no está en ponerse en el centro, sino en abrir el corazón al Señor y dejar que sea Él quien guíe nuestros pasos.

Una invitación a confiar y responder a la llamada de Dios

La mirada de María continúa siendo una invitación para toda la Iglesia y, de manera especial, para quienes se encuentran en un camino de discernimiento vocacional. Su ejemplo enseña que descubrir la voluntad de Dios requiere aprender a escuchar, confiar y estar disponibles para responder con generosidad.

Como María, cada cristiano está llamado a descubrir en el Señor el fundamento de su vida, especialmente en los momentos de incertidumbre, dificultad o búsqueda. Cuando todo parece cambiar, Él permanece como una esperanza firme en la que se puede confiar.

Para los seminaristas, esta celebración supuso también una oportunidad para recordar que la vocación sacerdotal se construye sobre una relación profunda con Cristo. Es Él quien llama, sostiene y acompaña el camino, invitando a entregar la propia vida al servicio de la Iglesia y del Pueblo de Dios.

María enseña a confiar en el Señor, a acoger su voluntad y a responder con un sí generoso. Bajo su mirada maternal, el Seminario continúa su camino de formación, poniendo en manos de Dios la vida de cada seminarista y rezando por todas las vocaciones.

Porque quien hace del Señor el Pilar de su vida encuentra en Él la fuerza para caminar, servir y permanecer fiel a su llamada.