De Trento a Canarias: un sueño de dos siglos
El Concilio de Trento (1545-1563) estableció que se fundaran seminarios eclesiásticos en las diócesis. Hasta entonces, todos los candidatos al sacerdocio se formaban en las escuelas monacales de los dominicos y franciscanos, así como en el colegio de los jesuitas.4 Sin embargo, en Canarias transcurrieron más de dos siglos de intentos baldíos antes de lograr esta fundación tan deseada.
La primera noticia sobre la intención de fundar el Seminario se data en 1616 (53 años después del Concilio), siendo Obispo Don Antonio Corrionero, con ocasión de la fundación de un colegio de la Compañía de Jesús: "Se podrá pedir a su Majestad, como en esta Santa Iglesia no hay Seminario y que está a cargo del Señor Obispo el hacerlo y sustentarlo".5
En 1671, siendo Obispo García Ximénez, se trata en el Cabildo del 9 de diciembre "del superávit para ver si se puede hacer un Seminario". Incluso se acuerda escribir al Obispo de León, Fray Juan, que había sido Obispo de Canarias, comunicándole el intento del Cabildo.6
En 1685, el canónigo Andrés Romero regaló sus casas de la calle de la Inquisición para Seminario, donación que fue admitida por el Cabildo; por diversas dificultades no fue posible y el benefactor terminó donando las casas a los Padres jesuitas.7
En 1735 el Obispo Don Pedro Manuel Dávila y Cárdenas, en sus sinodales, pedía al Rey el Seminario: "La tercera y última que hallándose esta Santa Iglesia sin Seminario se acordó igualmente se pidiera a V.M. su beneplácito para que se erigiese, como en todas las catedrales de sus dominios, para enseñanza de la juventud, servicio de Dios y de su Iglesia, haciéndose el repartimiento para su manutención como dispone el Santo Concilio de Trento".8 Esta petición se hace el 20 de junio de 1736, pero la remoción del Obispo a la Diócesis de Plasencia paraliza la iniciativa.
Otro intento tiene lugar con la llegada del Obispo D. Juan Francisco Guillén (1739-50). En la Bula fechada el 30 de diciembre de 1739, el Papa Clemente XII, le incluía riguroso este mandato: "Queremos que ... en la Ciudad de Canaria establezcas un Seminario, según decreto del Concilio de Trento, gravando tu conciencia en este asunto".9 Los acontecimientos alrededor de la fundación de la Universidad de La Laguna (1744-1747) impidieron la puesta en práctica del mandato papal.
En 1750, el Cardenal Gentili, con autorización del Papa Benedicto XIV, escribió al Obispo Guillén felicitándole "por haber solicitado un Seminario para su Obispado". Efectivamente, el 20 de octubre de 1747 se leyó en el Cabildo una Cédula Real autorizando la creación del Seminario de Canarias.10








