El pasado lunes, 12 de octubre, el Seminario Diocesano de Canarias realizó una salida comunitaria por distintos lugares de Gran Canaria, recorriendo buena parte del territorio del arciprestazgo del Sureste y acercándose a algunos de sus pueblos y comunidades. La jornada permitió compartir tiempo fuera del ritmo habitual de la formación, conocer mejor la realidad de nuestra isla y fortalecer los lazos de convivencia entre los seminaristas.

El recorrido comenzó en Agüimes y continuó por el casco de Santa Lucía de Tirajana, donde los seminaristas rezaron juntos el Ángelus, poniendo la jornada y el camino recorrido bajo la mirada de María.

La ruta siguió hasta Tunte, donde visitaron la parroquia de San Bartolomé Apóstol, y continuó hacia Playa de Mogán, recorriendo sus calles y disfrutando del entorno de esta localidad del suroeste de Gran Canaria.

Conocer nuestra tierra y crecer en comunidad

Esta salida comunitaria ofreció la oportunidad de descubrir distintos rincones de Gran Canaria, acercarse a su patrimonio y contemplar la riqueza de sus pueblos y comunidades.

Más allá de conocer nuevos lugares, estas experiencias forman parte de la vida comunitaria del Seminario. Compartir una jornada fuera de las actividades habituales permite fortalecer la fraternidad, favorecer el conocimiento mutuo y seguir construyendo una comunidad en la que cada uno aprende a caminar junto a los demás.

La formación sacerdotal también se nutre de estos momentos de convivencia, en los que la cercanía, el diálogo y las experiencias compartidas ayudan a crecer en la dimensión humana y comunitaria.

Arguineguín: oración y recuerdo por quienes han perdido la vida en el mar

La jornada concluyó en el Muelle de la Esperanza, en Arguineguín, un lugar especialmente significativo para la diócesis de Canarias tras la visita del papa León XIV a Gran Canaria el pasado 11 de junio.

Allí, a los pies de nuestra Madre y de la Cruz bendecida por el Santo Padre durante su visita, los seminaristas compartieron un breve momento de oración y celebraron un responso por todas las personas que han perdido la vida en el mar.

La oración quiso recordar a tantas personas cuyas vidas se han apagado en las aguas: pescadores, migrantes, miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad, marineros y otras personas que han encontrado la muerte en el mar mientras trabajaban, viajaban o buscaban un futuro mejor.

Fue un momento para poner ante el Señor sus vidas y sus familias, pedir por el eterno descanso de quienes han fallecido y encomendar a la protección de nuestra Madre a todas las personas que se enfrentan cada día a los peligros del mar.

Esta última parada adquirió así un significado especial, al unir el recuerdo de la visita del Santo Padre con la oración por quienes han perdido la vida en el mar. También fue una ocasión para renovar la llamada de la Iglesia a la acogida, la solidaridad y el acompañamiento de quienes sufren.

Crecer como comunidad, caminar como Iglesia

Esta salida permitió a los seminaristas compartir una jornada diferente, conocer diversos lugares de Gran Canaria y acercarse a la realidad de sus pueblos y comunidades. Los momentos de oración, especialmente el responso en Arguineguín por quienes han perdido la vida en el mar, dieron a la jornada un sentido de fe, recuerdo y esperanza.

Experiencias como esta enriquecen la vida del Seminario y ayudan a preparar a los futuros sacerdotes para vivir su vocación con una mirada abierta a la realidad y al servicio de la Iglesia y de la sociedad.