El pasado viernes, 23 de octubre, víspera de la solemnidad de san Antonio María Claret, copatrono de la diócesis de Canarias, el Seminario Diocesano de Canarias celebró una nueva vigilia de adoración eucarística por las vocaciones. El encuentro tuvo lugar de 20:30 a 21:30 horas, coincidiendo con el cuarto viernes de mes, bajo el lema «El Señor sigue llamando: un corazón de pastor, al estilo de Claret».

Durante esta hora de oración, los participantes pusieron ante Jesús Eucaristía a los sacerdotes, los seminaristas, los misioneros, las personas consagradas y a cuantos buscan descubrir la voluntad de Dios para sus vidas. La celebración contó con cantos de adoración y alabanza, momentos de reflexión y espacios de silencio ante el Señor.

El Señor sigue llamando: aprender a escuchar su voz

La adoración comenzó con una invitación a detenerse, dejar a un lado las preocupaciones cotidianas y abrir el corazón a la presencia de Cristo. Bajo el lema «El Señor sigue llamando», la oración ayudó a recordar que la vocación nace del encuentro con Jesús y de la disposición a escuchar su voz.

A lo largo de la vigilia, los participantes fueron invitados a preguntarse qué lugar ocupa el Señor en sus vidas, cuánto espacio le dedican y si están dispuestos a descubrir el camino que Él les propone.

La llamada de Dios no siempre llega acompañada de respuestas inmediatas. Por eso, aprender a escuchar requiere confianza, oración y un corazón abierto a dejarse guiar por el Señor, incluso cuando el futuro todavía no está claro.

San Antonio María Claret: un corazón entregado al Evangelio

La proximidad de la solemnidad de san Antonio María Claret dio un significado especial a esta celebración. Su vida, marcada por el amor a Cristo y por el deseo de anunciar el Evangelio, centró una de las reflexiones de la vigilia.

Claret comprendió que el amor recibido de Dios no podía quedarse en una experiencia personal, sino que debía convertirse en entrega y misión. Su testimonio invita también hoy a preguntarse cómo se puede compartir la fe, servir a los demás y ayudar a que otras personas encuentren en Cristo su esperanza.

Desde esta mirada, la adoración recordó que toda vocación está llamada a dar fruto en la vida de los demás. El encuentro con el Señor transforma el corazón y despierta el deseo de poner la propia vida al servicio de la Iglesia y de la misión evangelizadora.

Orar por los sacerdotes y por todas las vocaciones

La oración dedicó una atención especial a las vocaciones sacerdotales. Se pidió por los sacerdotes, para que encuentren en Cristo la fuerza de su ministerio y vivan su entrega con humildad, cercanía y misericordia; por los seminaristas, para que crezcan en su amistad con el Señor y disciernan con libertad y generosidad; y por los formadores y las personas que los acompañan en su camino.

También estuvieron presentes los misioneros, la vida religiosa y consagrada, los matrimonios y todas las personas que buscan descubrir su vocación.

La vigilia recordó que la oración por las vocaciones es una responsabilidad compartida por toda la Iglesia. Cada comunidad cristiana está llamada no solo a pedir al Señor nuevas vocaciones, sino también a acompañar a quienes se encuentran discerniendo su camino, respetando sus tiempos y ayudándolos a escuchar con libertad la llamada de Dios.

Una Iglesia que reza y acompaña

La figura de san Antonio María Claret invitó también a mirar hacia una Iglesia que no vive la fe encerrada en sí misma, sino que sale al encuentro de los demás y acompaña a quienes buscan su camino.

La oración por las vocaciones se convierte así en una invitación a implicarse personalmente: rezar por los sacerdotes, sostener a quienes se preparan para el ministerio, acompañar a los jóvenes en sus inquietudes y favorecer comunidades donde cada persona pueda descubrir y responder a la llamada del Señor.

Esta vigilia forma parte, además, del camino de preparación espiritual hacia los 250 años de historia del Seminario Diocesano de Canarias, cuya celebración comenzará en el tiempo de Adviento. Un aniversario que invita a dar gracias por la historia recibida y a confiar al Señor el presente y el futuro de las vocaciones en nuestra diócesis.

Con esta nueva adoración eucarística, el Seminario continúa ofreciendo un espacio mensual de encuentro con Jesús, poniendo ante Él la vida de la Iglesia, la misión evangelizadora y a todos aquellos que desean conocer y cumplir su voluntad.

Por intercesión de san Antonio María Claret, el Seminario pide al Señor un corazón dispuesto a escuchar, generoso para servir y apasionado por anunciar el Evangelio.

El Señor sigue llamando. Que nunca falten corazones dispuestos a escuchar su voz y a responder con generosidad.