El pasado domingo, 30 de noviembre, fiesta de San Andrés Apóstol y I Domingo de Adviento, dimos comienzo a este tiempo litúrgico con la bendición de la corona y el rezo de completas.
El Adviento, en la Iglesia Católica, es un período de cuatro semanas que nos prepara interiormente para celebrar el profundo misterio del Nacimiento de Jesús, nuestro Señor y Salvador. Es un tiempo de renovación, de abrir el corazón para fortalecer nuestra relación con Dios y escuchar lo que Él quiere de nosotros. Un tiempo de conversión, de búsqueda y de diálogo confiado con el Señor.
La Esperanza, palabra que ilumina tantos anhelos humanos, nos impulsa siempre hacia adelante: quien sufre espera alivio, quien emigra espera un futuro mejor, quien está sin trabajo espera una nueva oportunidad. La esperanza mira al mañana con valentía.
En este final del Año Jubilar, queremos vivir el Adviento como un camino para prepararnos a crecer en la fe, madurar nuestra vocación y disponernos a lo que Dios quiere obrar en nuestra vida. Que este tiempo nos ayude a caminar con corazón abierto, atentos a la voz del Señor y dispuestos a dejarnos transformar por Él.



