Los seminaristas de Canarias y Tenerife han compartido del 8 al 13 de septiembre una semana de oración, silencio y encuentro con el Señor en el Monasterio Benedictino de la Santísima Trinidad de Santa Brígida

Como cada año, el Seminario Diocesano de Canarias y el Seminario Diocesano de Tenerife han celebrado conjuntamente sus ejercicios espirituales al comienzo del nuevo curso. Del 8 al 13 de septiembre, ambos seminarios han compartido estos días de silencio, oración y encuentro con el Señor.

Este año, los ejercicios espirituales se han desarrollado en el Monasterio Benedictino de la Santísima Trinidad, en Santa Brígida, un lugar que ha favorecido el recogimiento y la oración durante estos días. La experiencia ha estado dirigida por el sacerdote Santiago Cerrato Cáceres, CMF, religioso claretiano, que ha acompañado a los seminaristas a través de diferentes momentos de reflexión, oración y discernimiento.

El Seminario Diocesano de Canarias agradece de manera especial a Santiago Cerrato Cáceres, CMF, su disponibilidad, cercanía y dedicación durante estos días, así como la profundidad de las reflexiones y el acompañamiento ofrecido a los seminaristas.

Más que unos días de descanso o de desconexión, los ejercicios espirituales han sido para los seminaristas un tiempo para ponerse nuevamente en las manos de Dios, escuchar su voz y renovar la llamada al servicio.

Llamados al servicio

A lo largo de esta semana, la reflexión ha llevado a los seminaristas a contemplar diferentes aspectos de la vida y de la vocación sacerdotal.

El tiempo de Dios, que invita a confiar en sus ritmos y a descubrir que cada etapa tiene un sentido dentro del camino vocacional.

La propia historia entre las manos de Dios, acogiendo la vida recibida, las experiencias vividas, las heridas y las alegrías como parte de una historia que el Señor continúa acompañando y transformando.

El Espíritu Santo que lo enseña todo, fuente de la vida cristiana y guía necesaria para quien está llamado a seguir a Cristo y ponerse al servicio de su Iglesia.

También ha estado presente el desierto y el silencio, espacios necesarios para detener el ruido cotidiano, entrar en lo profundo del corazón y dejar que la Palabra de Dios vuelva a ocupar el centro.

Una llamada a la conversión

Los ejercicios espirituales han permitido igualmente mirar la propia vida desde la misericordia de Dios.

El perdón de un Dios que pide una conversión constante recuerda que el camino vocacional no consiste en alcanzar una perfección personal, sino en dejarse transformar cada día por el Señor.

En este camino, la experiencia comunitaria ha tenido también un lugar especial. La semana compartida entre los seminaristas de Canarias y Tenerife ha permitido experimentar el calor de la compañía del hermano, la fraternidad y la alegría de caminar juntos hacia una misma misión.

La convivencia y la oración compartida han recordado que la vocación sacerdotal se discierne y se forma también en comunidad, aprendiendo a acoger, escuchar, acompañar y dejarse acompañar.

María, ejemplo de un sí fiel

La figura de María, nuestra Madre, ha acompañado también estos días de retiro.

En ella, los seminaristas han contemplado el ejemplo intachable de un sí, una respuesta confiada y fiel a Dios que continúa siendo referencia para todo camino vocacional.

Su «sí» recuerda que seguir al Señor implica disponibilidad, confianza y perseverancia. María enseña a guardar la Palabra en el corazón, a permanecer junto a Cristo y a sostener con fidelidad la misión recibida.

Un tiempo de silencio, oración y encuentro con Dios

Durante estos días, la comunidad del Monasterio Benedictino de la Santísima Trinidad de Santa Brígida ha acogido a los dos seminarios, ofreciendo un ambiente especialmente propicio para la oración.

El Seminario Diocesano de Canarias agradece a la comunidad benedictina su acogida, cercanía y servicialidad, así como el ambiente de oración que ha acompañado estos ejercicios, especialmente a través de la celebración de la liturgia.

La semana concluyó el domingo 13 de septiembre con la celebración de la Eucaristía junto al obispo de Canarias, Mons. José Mazuelos, poniendo en las manos de Dios el nuevo curso y el camino vocacional de todos los seminaristas.

Después de estos días de retiro, los seminaristas regresan con el corazón renovado y una mirada nueva, llamados a continuar su proceso de formación con mayor disponibilidad para dejarse formar por el Señor y responder con generosidad a su llamada.

Los ejercicios espirituales dejan así una certeza que seguirá acompañando el comienzo de este nuevo curso: Dios continúa llamando, formando y enviando.

Y, junto a Él, los Seminarios de Canarias siguen caminando como comunidades que aprenden cada día a vivir la vocación como un don y como un servicio a la Iglesia.