Como cada lunes, los seminaristas, formadores, familias y amigos nos reunimos en la parroquia Jesús de Nazaret, en Siete Palmas, para celebrar juntos la Eucaristía. Este encuentro se ha convertido en un espacio cercano y familiar, donde podemos compartir la vida y fortalecer los lazos que sostienen nuestra vocación.

La celebración del pasado lunes, 24 de noviembre, estuvo presidida por el P. Alejandro Rojas Garcés, sacerdote de la Diócesis del Callao (Perú), ordenado presbítero en diciembre de 2021 y enviado a nuestra diócesis como sacerdote fidei donum, es decir, un presbítero diocesano que su obispo envía temporalmente a colaborar pastoralmente en otra Iglesia. Alejandro compagina su servicio pastoral con los estudios de Licenciatura en Teología Dogmática en el Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias, aprovechando esta estancia para fortalecer su formación y poder servir aún mejor a su diócesis de origen.

Durante el curso pasado ejerció como Vicario Parroquial en la Santa Cruz, en Castillo del Romeral, y actualmente desarrolla su ministerio como Vicario Parroquial de San Roque, en Firgas, combinando la labor pastoral con los estudios.

Alejandro nos recordó la figura de la viuda pobre del Evangelio, aquella mujer que no dio de lo que le sobraba, sino todo lo que tenía para vivir. Nos invitó a contemplar en ella un espejo de nuestra propia vocación: el seminarista también está llamado a dar todo lo que tiene, no solo un poco de tiempo o entusiasmo, sino la vida entera, confiando en que Dios completa lo que aún nos falta.

Nos animó a vivir con entrega total, recordando las palabras de san Ignacio de Loyola: «Todo para mayor gloria de Dios». Alejandro subrayó que, aunque surjan dificultades y dudas, debemos confiar en que el Señor nos ha llamado, nos capacita y quiere realizar su obra en nosotros, enviándonos a anunciar el amor de Dios a todos.

También nos recordó la memoria de san Andrés Dũng-Lạc y compañeros mártires, cuya vida fue un ejemplo de entrega sin reservas. Aunque quizás no se nos pida dar la vida de la misma manera, sí podemos gastarla amando, sirviendo, obedeciendo y yendo a donde el Señor nos envíe, siempre confiando en Él.

La homilía concluyó con una hermosa exhortación a dejar que Cristo nos forme y capacite: lo que nos falta, Dios lo completa; nuestra fragilidad y nuestras limitaciones se convierten en oportunidad para que Él haga grandes cosas en nosotros. También nos recordó el papel de María, pidiéndole que nos ayude a seguir a su Hijo, a amar sin miedo, a servir con alegría y a confiar siempre en su amor.

Agradecemos de corazón a Alejandro por su cercanía, su palabra sencilla y su servicio generoso. Su presencia entre nosotros es un signo de comunión entre diócesis y un estímulo para que los seminaristas sigamos confiando y entregando nuestra vida a Cristo.

Y a todos ustedes les invitamos a acompañarnos cada lunes a las 20:30 horas en la parroquia Jesús de Nazaret, en Siete Palmas, para compartir juntos la Eucaristía, la oración y la alegría de caminar en familia con Cristo. ¡No falten, los esperamos!